“Dear Lady USA”, así comienza la carta imaginaria que millones de observadores del mundo podrían escribirle a la nación que, generación tras generación, ha cultivado una mezcla irresistible de fascinación, desconcierto y espectáculo permanente. Porque Estados Unidos no es solo un país: es un personaje. Uno gigantesco, maquillado con luces de neón, adicto al foco mediático, siempre preparado para una entrada dramática… incluso cuando nadie la pidió.


En esta crítica, Lady USA aparece como una diva impredecible. Capaz de lanzar al mundo innovaciones brillantes y, en el mismo movimiento, protagonizar tropiezos tan sonoros que resuenan hasta en la Luna, ese territorio que una vez reclamó simbólicamente como si fuera su jardín privado.
Una protagonista acostumbrada a ser el centro
La esencia de Lady USA es su convicción permanente de ser indispensable. No importa si hablamos de política internacional, cultura pop o redes sociales: de alguna manera, termina colocándose en el centro del escenario. Y si no hay escenario, lo construye. Con fuegos artificiales.
Su industria del entretenimiento es quizá su cara más encantadora. Hollywood, las plataformas de streaming, la música, las novelas televisivas… Lady USA produce historias sin descanso, como si temiera que un segundo de silencio pudiera desvanecer su identidad. Pero detrás de la brillante escenografía, su backstage es mucho menos glamuroso: desigualdades profundas, tensiones sociales que se repiten con guion reciclado y un libreto político que a veces parece haber sido escrito por guionistas en huelga.
Entre lo heroico y lo absurdo
Lo fascinante (y a la vez exasperante) es que Lady USA siempre mezcla heroísmo sincero con situaciones dignas de una comedia involuntaria. Puede proclamarse defensora de la libertad global mientras tiene problemas serios en su propia casa. Puede enseñar al mundo palabras como “progreso” y “democracia”, pero luego olvidar parte del discurso justo antes de aplicarlo.
Y es aquí donde la crítica se vuelve más fina: la capacidad del país de presentarse como ejemplo universal, incluso cuando el ejemplo se tambalea, es una forma muy peculiar de optimismo… o de amnesia estratégica.
La Lady de las contradicciones
Si algo define a Lady USA son sus contradicciones. Ama la libertad, pero convive con discursos extremos que se neutralizan entre sí. Celebra la diversidad, pero todavía tropieza con ella. Promueve la prosperidad, aunque muchas veces olvida repartirla. Es una diva con un maquillaje impecable, pero con un espejo que a veces prefiere evitar.
Y sin embargo, su poder de reinvención es único. Justo cuando parece que ha tocado fondo, aparece una nueva generación, un movimiento cultural inesperado o una idea improbable que vuelve a ponerla en marcha. Lady USA siempre regresa, siempre resurge… siempre reaparece para una gira más, aunque la crítica no sea favorable.
Una carta que es también un espejo
“Dear Lady USA” no es solo una crítica. Es un recordatorio de que ningún país —ni la diva más famosa del planeta— es perfecto. La crítica invita a mirar con humor, pero también con reflexión, las luces y sombras de un país que ha influido en el mundo entero.
Porque, al final, Lady USA es un personaje complejo: exagerado, brillante, torpe, poderoso, contradictorio… profundamente humano. Y quizá por eso seguimos escribiéndole cartas.
